Información técnica

ACERCA DEL "INVENTARIO GENERAL Y CONJUGADOR AVANZADO
DE LOS VERBOS DEL ESPAÑOL, SUS DIALECTOS Y LENGUAS AFINES"


         El "Inventario General y Conjugador Avanzado de los verbos del español, sus dialectos y lenguas afines", (en adelante, "IGCAVEDLA" ), se fundamenta en una Base de Datos de verbos que, el día 22 de octubre de 2002, fecha de publicación del nuevo "IGCAVEDLA" en Internet, contaba con un total de 255.508 registros y 81.549 infinitivos distintos.
         La Base de Datos, elaborada por el "Instituto de Verbología Hispánica", se empezó a construir en 1987 y han trabajado en ella, a lo largo de más de 18 años, varios filólogos, especialistas y colaboradores, extrayendo materiales de más de 800 diccionarios y vocabularios, la mayoría de ellos especializados, así como de más de 2.500 obras leídas, de contenido literario, filológico, técnico, científico, etc., además de prensa actual, tesis doctorales y tesinas, muchas de ellas inéditas, etc. Los anteriores materiales han sido acotados e indexados en su totalidad.
         De un total de 305.700 fichas, en 1 de julio de 2005, los infinitivos distintos en la Base de Datos son 95.284, de los cuales 51.836 son verbos de rango lexicográfico "prevalente", mientras que 40.914 son de rango lexicográfico "variante", casi todos ellos verbos antiguos y dialectales. Algo más de 2.500 infinitivos, de rango lexicográfico "disvariante", son producto de erratas, barbarismos, etc. Todo ello, exhaustivamente comprobado y documentado, salvo error u omisión.
         No se tiene noticia de que en ninguna otra lengua del mundo se haya hecho jamás un inventario de esta naturaleza y, sobre todo, de esta magnitud. Caben a la lengua española o castellana, y al "Instituto de Verbología Hispánica", la primacía de haber recopilado y publicado el primer corpus integral de los verbos de un idioma, junto con los de todos sus dialectos, hablas derivadas y lenguas afines.
         Muchísimos de los verbos presentes en el "IGCAVEDLA" son neologismos, tecnicismos, americanismos, dialectalismos o vulgarismos que no se encuentran en los diccionarios generales de nuestra lengua ni, por supuesto, en ninguno de los "Conjugadores verbales" existentes.
         Compárese, por ejemplo, el impresionante caudal lingüístico del "IGCAVEDLA" con los solamente 12.427 verbos académicos. En efecto: El Diccionario de la Real Academia Española, en su 22ª edición, de 2001, trae 11.961 entradas de verbos; y el Diccionario Manual, 4ª ed., de 1989, otras 466 entradas diferentes. Excepción hecha, naturalmente, del monumental Diccionario Histórico de la Academia, actualmente en curso de publicación, cuya completa edición se verá terminada, probablemente, ya bastante entrado el presente siglo.
         La Base de Datos del "IGCAVEDLA" consta de varios campos en cada ficha o registro, con información sobre la inmensa mayoría de los verbos de expresión española, así como sobre las obras y páginas donde se han documentado dichos verbos, la conjugación y tildación de ellos, las equivalencias o grafías modernas de los antiguos o desusados, los niveles diastrático y diatópico (tipo de uso y ámbito geográfico) de cada verbo, los participios y anomalías, etc.
         En esta primera fase de la publicación, se podrán consultar sólo las conjugaciones. Pero en un futuro no muy lejano, el "IGCAVEDLA" incorporará otros datos; tales como la traducción o equivalencia de la mayoría de los verbos al alemán, catalán, francés, gallego, inglés, italiano, latín, napolitano, occitano, portugués, provenzal, rumano, veneciano antiguo, etc., así como los sinónimos en español y en otras lenguas cultas, incluidos los sinónimos dialectales, españoles y de América, además de los antónimos, homófonos, parónimos y derivados. También se dará información sobre los ámbitos diastráticos y diatópicos de todos los verbos.



         Para la consulta del "IGCAVEDLA" se deberán tener en cuenta las siguientes observaciones:

         1) - Como respuesta a las consultas que se hagan al Conjugador, todos los infinitivos encontrados aparecerán con las desinencias terminadas en -ar, -er, -ir, -ír o -yr, prescindiendo de las formas pronominales, con terminación en -se. Sin embargo, las consultas al Conjugador se pueden hacer en la forma pronominal.
         Son muchos los verbos que, usualmente presentados como pronominales en los diccionarios, admiten o han admitido también usos transitivos o intransitivos. Y en un corpus lingüístico como el del "IGCAVEDLA" , de contenido diacrónico y multidialectal, (razón por la cual ha recopilado todo tipo de verbos,) conviene tener en cuenta la naturaleza de ellos.
         Unos, localizados a todo lo largo y ancho de la amplísima geografía hispanohablante, (desde las Islas Galápagos a la de Guam, --pasando por las Canarias, claro,-- y desde la americana California hasta la tierrafueguina Ushuaia); otros, procedentes del lenguaje y los estilos usados en todas las épocas (desde el inicio del idioma hasta el periódico de hoy mismo); y otros, finalmente, extraídos de todo tipo de documentos o de frases puestas en boca de unos u otros hablantes, sean de las condiciones social y cultural que fueren, o salidos de la pluma de famosos o desconocidos escritores, que a todos ellos pertenecen los méritos o deméritos obtenidos por el uso que hayan hecho de nuestra lengua.
         No es difícil encontrar en muchos textos, a veces antiguos pero también modernos, las formas transitivas o intransitivas de verbos como suicidar, arrepentir, arrodillar, abnegar, resentir, etc., al margen de su más generalizado uso actual como pronominales. Pero difícilmente se encontraría en nuestra lengua y en todos sus dialectos algún verbo que siempre y por todos los hablantes o autores, se haya usado exclusivamente como pronominal o reflexivo, o sólo como "no pronominal". Por todo ello, creemos que está plenamente justifica la presentación de todos los infinitivos del "IGCAVEDLA" como "no pronominados".

         2).- El "Instituto de Verbología Hispánica" certifica que todos y cada uno de los infinitivos presentes en el "IGCAVEDLA" , por insólitos que pudieran parecer, se encuentran debidamente documentados y no son fruto de errata, salvo contados casos dudosos, que así constan señalados (en el epígrafe "OBSERVACIONES"), al hacer una consulta.
         Conviene también añadir que es poco probable que se haya producido alguna errata informática al manipular los cientos de miles de registros de la Base de Datos verbológica, confeccionada con dBase V, formato en el que ha sido exhaustivamente chequeada. Posteriormente ha sido exportada y nuevamente chequeada con Access 2000 , volviéndola después a cotejar con su original en dBase V. De todo ello nace la casi total y absoluta seguridad en la exactitud de los datos inventariados, dada la altísima fiabilidad de los dos programas informáticos utilizados, así como de los variados procedimientos de comprobación a que han sido sometidos todos los registros.

         3).- En el "IGCAVEDLA" constan muchas grafías con las que algunos autores han remedado la lengua vulgar o rústica; grafías que, precisamente por ello, no constituyen erratas tipográficas ni transcripciones erróneas. En la Base de Datos se ha recogido, por ejemplo, un curioso y rústico verbo "ar" [o sea, dar,] así escrito varias veces por Juan Antonio de Zunzunegui en una de sus novelas costumbristas. Y también son muchas las variantes de grafías antiguas o desusadas, recogidas en el "IGCAVEDLA" ; como los infinitivos aber, aver o haver, por "haber"; bever, veber o vever, por "beber", etc.

         4).- No obstante, en ocasiones se echaran en falta en el "IGCAVEDLA" ciertos neologismos estrambóticos, o manifiestamente mal formados; aunque varios de ellos, debido a la especial relevancia del autor que los usó, se recogen y se marcan como mal formados. Otros verbos, documentados en obras literarias contemporáneas, irán marcados como de uso ocasional, o como asémicos, etc. Véase la explicación de estos conceptos en Terminología y abreviaturas y en Tipos de usualidad de los verbos.

         5).- En la conjugación verbal española distinguimos dos aspectos a tener en cuenta, llamados flexión y tildación.
         Ambos son aspectos inseparables y constitutivos de la correcta conjugación verbal, pero poseen unas sutiles particularidades que obligan a definirlos y considerarlos por separado.
         La flexión es el desarrollo de las formas verbales, atendiendo a su estructura silábica y fonética, y a los cambios gráficos (vocálicos y consonánticos), a los que la norma o paradigma verbal obligan. Podríamos decir que la flexión equivale, en puridad, a la propia conjugación del verbo. Y los aspectos fonéticos y gráficos de la pronunciación y escritura de las formas verbales, en la actualidad --que no en la lengua antigua--, obligan a tildar correctamente tales formas, según lo prescrito por las normas de la Ortografia y la Prosodia.
         La Gramática ha determinado, desde mucho tiempo atrás, la correcta acentuación de algunos verbos, por ejemplo la de aquellos cuyos infinitivos terminan en -iar o en -uar; aunque algunos de éstos, por cierto, siguen todavía siendo de acentuación vacilante.
         El "IGCAVEDLA" , trabajando exclusivamente sobre la categoría de palabras objeto de su especialidad, y, además, manejando miles de dialectalismos y neologismos, ha confeccionado una amplia relación de verbos en los que es preciso acentuar o tildar alguna de sus formas, pero de manera distinta a como se acentúa o tilda el verbo paradigma de su flexión o conjugación. Sobre estos verbos no se sabe que nadie haya hecho ninguna advertencia al respecto. Tal es el caso, entre otros, de los poco usados autoinflar o counir, que se acentúan y deshacen los diptongos -oi- y -ou-, respectivamente, en algunas de sus formas. El muy limitado uso que se hace de estos verbos, explica que hayan pasado inadvertidos para los gramáticos; pero ello no impide que se fije y se exponga la norma para su correcta acentuación, pues en su grafía se producen irregularidades propias y únicas.
         Pero esto no es todo. Hay incluso verbos que, perteneciendo a la 1ª conjugación, terminada en -ar, se acentúan como uno de la 3ª, terminado en -ir. Tales son los casos, por ejemplo, de amohinar y del tecnicismo alcohilar, verbos que se conjugan como amar y que, sin embargo, se acentúan o tildan como prohibir. ¿Y el verbo rehacer, que se acentúa en formas tales como "rehízo, rehíce", en las que su modelo, "hacer", no lleva acento? En el "IGCAVEDLA" se advierte de que rehacer, se flexiona (o conjuga) como "hacer", pero se tilda como "entrever", verbo que sirve de modelo-comodín para englobar en él una serie de acentuaciones especiales o atípicas, que sólo se dan en unos cuantos verbos compuestos.
         Estas y otras particularidades parecidas abundan todavía más en los dialectalismos. Así, la diéresis o crema se puede poner sobre formas de un verbo de uso dialectal o rústico, como golver, flexionado como "mover" y tildado con diéresis sobre la "u", como se tilda en "degollar". A propósito: no olvidemos que la diéresis también es una verdadera tilde.
         Es claro que este verbo golver, y muchos otros de uso rústico o dialectal, se podrá discutir si tienen o no modelo de conjugación; pero sí se adaptan, perfectamente, a un modelo de flexión y a otro de tildación preestablecidos para la lengua general. Otra cosa será admitir que tales verbos "deban" ser conjugados. En el "IGCAVEDLA" sí se ha admitido rotundamente, pues es ya antigua (pero también actual) y copiosísima la literatura costumbrista, y de otras clases, donde constan escritas prácticamente todas las formas verbales de tales rusticismos y dialectalismos.
         Y es más: los autores de dichos textos suelen someter las formas verbales rústicas a algún modelo de conjugación, aunque a veces sea incluso inventado. ¡Tal es la fuerza del verbo y la necesidad de expresar su flexión de forma coherente y reconocible por el lector! Por lo tanto, se admite y se expone la conjugación "normalizada" de tales verbos, aunque sin entrar en la conveniencia o la oportunidad de su uso.
         En cuanto al concepto de tildación, el "IGCAVEDLA" lo define como la "correcta escritura de las tildes o signos diacríticos" en las formas verbales. Observemos que la ausencia de tildación, --sea por olvido o por carencia de los oportunos signos de acentuación o de diéresis en el teclado con que se escriba--, en la mayoría de las formas verbales generalmente no impide su perfecta comprensión, incluso deducible por el contexto, en casos de duda.

         6).- Hay que advertir que las lenguas asturiano-leonesa, aragonesa y judeoespañola tienen sus propios sistemas y formas de conjugación verbal. Y en ciertas usos rústicos o dialectales, a veces se formulan conjugaciones cambiantes o caprichosas. Los paradigmas de conjugación que el "IGCAVEDLA" da para los verbos de esas lenguas y hablas, son los que corresponderían si fueran usados y conjugados correctamente en nuestra lengua; es decir: si fueran utilizados en el contexto gramatical y sintáctico propios del español o castellano.


 

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